Votar por esta obra

 - by Vozdelanaturaleza

Hola amigos. Como algunos ya sabréis, Random House Mondadori, que lleva el servidor donde este blog se aloja (megustaescribir.com), ha hecho una llamada para subir las obras de todos los escritores. Estas obras pueden ser votadas por los usuarios y, las que en febrero de 2012 hayan alcanzado mayor puntuación, tendrán la oportunidad de ser leídas por los editores de este grupo editorial.

Por eso, si os gusta este blog, os pediría que votarais por la obra homónima de la que he extraído todos los artículos, La Naturaleza habla, en el siguiente link.

http://megustaescribir.com/obra/4ec682e5edc2a

 

Antes de votar, echadle una ojeada, o leedla al completo, pues tengo entendido que es un libro ameno.


Con ello, me estaréis dando una oportunidad de publicar, pero no sólo eso. Estaréis abriendo la puerta a la posible difusión de un mensaje que trata de exaltar la belleza y la sabiduría de la Naturaleza, así como de clamar la necesidad no sólo de respetarla sino de aprender de ella y vivir en armonía con todas sus criaturas.


 

El caracol

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Tierra

Sentido: Tacto

Cualidad: Constancia

 

El caracol va muy lento. Va tan lento que, si dudara demasiado, si volviera tras sus pasos alguna vez, no llegaría nunca a ninguna parte. El caracol va lento, muy lento, pero su constancia hace que sea en verdad muy rápido. Su capacidad física es minúscula, pero la compensa con su fortaleza mental.

Un caracol es más rápido que, por ejemplo, un sapo. Si el sapo quisiera podría ir muy veloz, pero la cuestión es que no quiere, y eso lo hace lento. Si te giras unos minutos y vuelves la vista, es posible que siga allí, mientras que un caracol habrá ya desaparecido y probablemente no lo vuelvas a ver más.

El caracol va poco a poco, pero de forma constante. No tiene huesos, tiene que arrastrarse por la tierra con esa inmensa cáscara encima, y lo compensa con una determinación absoluta y una gran resistencia.

El caracol nos dice que no importan tanto nuestros talentos como el uso que les damos. Alguien puede tener un gran talento, pero si no tiene constancia en su desarrollo no va a hacerle más feliz ni a darle ningún resultado. En cambio, alguien que sólo tenga un poquito de talento, pero una gran fortaleza mental traducida en constancia a la hora de desarrollarlo y expresarlo, va a ensombrecer a cualquiera aparentemente más dotado pues su voluntad le llevará a exprimirlo al máximo y aun a llevarlo a territorios que antes no conocía y que a su vez le pueden llevar al descubrimiento de otros talentos dormidos.

La constancia y el esfuerzo, la determinación con la que realizamos nuestras acciones, es lo que en último término decide nuestro destino. No importa que nuestras cartas sean malas, si sabemos jugarlas, mientras que si son muy buenas pero no sabemos o no queremos jugar en la gran partida de la vida, perderemos. Y perder significa que no nos realizaremos, que no nos sentiremos plenos, que al llegar la hora final sentiremos que hemos malgastado nuestra vida.

El caracol nos incita a confiar en nosotros mismos, a no juzgar nuestras propias capacidades, a edificar rumbos precisos y fuertes establecidos desde el corazón y la intuición y a seguirlos con persistencia, sin caer en la ceguera ni la tozudería. Nos dice que las grandes cosas empiezan por un pequeño paso, y que el primer paso es el más importante. Y que, una vez dado, ya no se debe mirar atrás, ni volver atrás, pues el viaje ha empezado y la vida es corta, y debemos confiar en que hemos dado ese paso movidos por una fuerza noble y positiva. El rumbo puede ser corregido, pero si empezamos a dudar mucho no haremos otra cosa que dar vueltas sobre nosotros mismos.

El caracol, al pasar, va dejando un rastro de babas. Son todas las dudas que deja atrás, todas las limitaciones que le impusieron, todas las etiquetas con las que ha estado cargando y que poco a poco va soltando mientras, con paso lento pero firme, se dirige con su casa a cuestas hacia las verdes hojas que le dan sustento o a los rincones húmedos que le ofrecen perfecto refugio.

 

Yo soy el caracol

sin prisa voy por la vida

pero tampoco sin detenerme

a pensar mucho una vez ya

he decidido mi recto rumbo

yo soy el caracol

lento pero constante

la constancia de mi mente

suple mi carencia física

la constancia con la que me deslizo

me convierte en rápido

no puedo derrapar, no puedo ir muy veloz

pero no te descuides si quieres atraparme

no voy a dejártelo fácil

yo sé adónde voy

sé por qué voy

tengo decisión

y jamás vuelvo sobre mis pasos

deslizándome por la tierra

por las hojas húmedas, por la hierba seca

alcanzo los confines de la tierra

deslizándome a mi lento paso

sigo mi rumbo sin hacer caso

a los perezosos que se ríen de mí

que me juzgan

pues las apariencias engañan

yo no soy lo que parezco

sé que soy fuerte por dentro

a pesar de ser, por fuera, viscoso.

Luis Fernández de Villavicencio, La Naturaleza habla

El riachuelo

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Agua

Sentido: Oído

Cualidad: Serenidad

 

El tranquilo susurro del riachuelo, del agua que corre limpia y serena a través de rocas y pendientes, siempre con idéntica constancia en su callado sonido, contribuye a serenar las emociones violentas y a reconectarnos con el centro de paz que se halla en nosotros.

El riachuelo es vida, es luz y dulzura. Llevando nuestro oído hacia el vórtice de la corriente, donde el agua se expresa, esta nos devuelve la tranquilidad de saber que amamos y somos amados, y que no hay de qué preocuparse.

El ser humano tiende a apegarse a las demás personas como un intento desesperado de que estas le den aquello que sólo ella misma puede darse: amor.

Los apegos producen dolor. La añoranza es una astilla clavada que nos impide disfrutar de la bendición de la vida y del universo, el cual derrama constantemente sobre nosotros el amor más grande.

El sencillo sonido del riachuelo nos devuelve la conciencia de que todos somos amados por todo, de que siempre lo hemos sido y de que siempre lo seremos. Y de que, sabiendo esto, solo nos queda restar en paz con nosotros mismos y esparcir este conocimiento por el mundo; devolver, como un canal, el amor que nos brinda el cosmos para repartirlo entre aquellos que tanto lo ansían.

El cosmos es el centro de uno mismo, nuestra verdadera identidad que es todo amor. Siendo todo amor, adquiriendo la experiencia del amor por todo y por todos, los apegos se revelan como absurdos, carentes de sentido.

El riachuelo susurra al individuo atento que tenemos poder para decidir qué emociones queremos experimentar y cuáles no. Nos dice que el apego no es amor, sino un intento de conseguir amor, de ser amado sin dar nada a cambio. El verdadero camino, que produce paz y gozo, consiste en limpiarse de todo el dolor y la baja autoestima que nos hace creer indignos del amor más grande, el Amor de toda la Creación. Cuando nos abrimos a este amor supremo, dejamos de perseguir el amor de una o más personas y, en vez de eso, percibimos sus propias carencias avergonzándonos de nuestra actitud y, en consecuencia, comenzando a convertirnos en un canal de ese amor universal.

El dulce sonido del agua que corre formando el riachuelo pacifica nuestro cuerpo emocional, nos devuelve el amor a nosotros mismos, la dignidad de ser autosuficientes, la conciencia de que las carencias son sólo ilusiones.

En el pasado todo el mundo ha tenido carencias afectivas, pues los padres perfectos no existen. Es difícil encontrar a alguien que haya sido correctamente amado y educado, pues eso es una tarea imposible.

Es por lo tanto trabajo de cada cual asumir su propia responsabilidad para consigo mismo, pues cada uno moldea su propio ser y su propio destino. Dejando que el pasado lo haga, limitamos y empobrecemos nuestro presente, volviendo dolorosas las relaciones con otras personas.

El riachuelo es paz, sensibilidad, es apertura emocional a todo lo creado, es amor corriendo y empapando nuestro ser. Escuchando el riachuelo hacemos las paces con nuestro pasado, curamos nuestras heridas, aprendemos a perdonar y a perdonarnos pues nos sentimos autosuficientes, poderosos, una fuente de amor.

Cuando encontramos el amor en el centro de nuestro ser, dejamos de mendigarlo fuera. Cuando nos damos cuenta de que nadie puede colmarnos, aprendemos a hacerlo nosotros mismos. Y la magia y el milagro es que, sólo cuando hemos aprendido a dar, o mejor dicho cuánto más damos, más recibimos. Y cuanto más conscientes somos de que en una relación nuestro papel es dar, más libremente fluye la energía entre las personas y más capacitados estamos para recibir lo que el otro buenamente quiera o pueda darnos. Pues, al tener confianza, al no forzar ni perseguir ya obsesivamente el amor del otro, este se siente libre para brindarlo y expresarlo.

Una relación así, de dos seres autosuficientes, estará ausente de conflictos, de luchas de poder, de añoranzas dolorosas. Si se separan temporalmente, se echarán de menos no porque se vayan a sentir vacíos el uno sin el otro, sino porque ansiarán que esté el otro para poder brindarle su ser, para poder expresarle todo lo que ha aprendido, para poder darle todo el amor y la dicha que sienten y que les colma.

El riachuelo es serenidad, es paz con uno mismo y los demás. Es reconciliación, apertura, amor expresado y compartido sin guerras insensatas.

 

Yo soy el riachuelo

soy paz y tranquilidad

fluida serenidad

canción de múltiples reflejos

en la que el amor se exhibe

la dulzura de la vida

la calma de los corazones

elixir para la agitación

para los males y los dolores

yo soy el riachuelo

fluyo tranquilo hacia mi destino

no lucho contra nada

estoy en paz conmigo mismo

pues sé que el Todo me ama

y que no hay nada que temer

que soy un canal de amor supremo

para las almas sufrientes

yo soy el riachuelo tranquilo

no tengo apegos ni dependencias

me basto a mí mismo y requiero de otros

únicamente para colmarlos de gozo

no necesito que nadie me dé

pues ya me da lo divino

no necesito consuelos

pues jamás me entristezco

yo soy el riachuelo

y si me escuchas descubrirás

el silencio del corazón tranquilo

que se sabe siempre amado

y cuyo más gran placer

está en compartir su amor con todos

sin esperar nada a cambio

pues todo ya nos ha sido dado

sólo falta abrirse a uno

expandirse, quemar los muros

que castran y atan la propia capacidad de amar

los miedos e inseguridades

que hielan la fuente interna

del amor y del gozo

de la paz con el pasado

la reconciliación con todos

el deseo de consolar, servir

viendo que todo dolor

proviene de poner en poder de otros

la propia felicidad

yo soy el riachuelo y te digo

que sólo en ti está esa posibilidad

el ser uno con la fuente del amor

para derramarte por el mundo

en paz con amantes y amigos

elevándote por encima de mezquindades

de temores y luchas vanas

que no hacen otra cosa que causar sufrimiento

en ti mismo y en los otros.

 

 

 

Luis Fernández de Villavicencio, La Naturaleza habla

El viento

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Tierra

Sentido: Olfato

Cualidad: Libertad

El viento es libertad, es ruptura de cualquier limitación, es elevación y vuelo más allá de cualquier traba que pudiera reprimir la libre expresión de la propia naturaleza.

Cuando el viento sopla, la fuerza del aire se manifiesta. El aire es libertad y sabiduría, y el viento liberación.

Escuchando el viento, dejándonos abrazar por él, permitiendo que penetre en cada célula de nuestro ser, aprendiendo a respirarlo con nuestra alma y haciéndonos uno con su fragancia y su energía, redescubrimos nuestra inherente capacidad de pensar en grande, de sentir en grande, de llevar la mente hacia el enfoque de pensamientos más puros y elevados que aquellos a los que normalmente dirige su atención.

Escuchando el viento, nuestros pensamientos se purifican, pues la fuerza del aire les hace volar por encima de la materia. A través del viento una sabiduría divina desciende a nosotros para otorgarnos comprensión y la paz que de esta se deriva.

El viento es una muestra de la libertad sin límites. No conoce barreras, no pude ser atrapado, domado, amaestrado. El viento es un impulso salvaje, sin dueño, carente de fronteras o límites. El viento es un vagabundo, no recuerda de donde viene, no sabe adonde va ni tampoco le interesa. Es pura dicha de ser libre, de volar en lo desconocido.

El individuo abierto a su mensaje deja de sentirse atrapado por las cuestiones materiales y, sin renunciar a sus responsabilidades, recuerda su naturaleza divina que se recrea en la vivencia del presente, que no tiene objetivos porque vive y se expresa tan libre y gozosamente que cada instante es en sí mismo un objetivo cumplido.

El viento nos dice que este pesado cuerpo físico es sólo un vestido. Que, en realidad, nosotros somos la presencia que se encuentra más allá y que es completamente ligera, libre y poderosa. El viento es un reflejo de ese cuerpo inmaterial que se libera durante la noche produciendo algunos sueños de gran realidad, y que son producto del desdoblamiento de nuestro cuerpo astral respecto al cuerpo físico. Al igual que el viento, nuestro cuerpo de luz no conoce barreras y puede viajar a inmensas velocidades.

El aire es invisible, pero el viento hace su presencia evidente. El viento no es más que aire, pero rugiendo, moviéndose, danzando. La danza del viento es la danza de nuestra alma, es el impulso divino que se esconde tras el cuerpo material y que permanece siempre libre, sin dolor, sin cargas mentales ni físicas, y cuya consciencia es un cofre del que emana pura sabiduría, claridad ilimitada, pensamientos provenientes de la luz divina que conectan con la auténtica realidad del universo y aclaran si es necesario los puntos oscuros de nuestra propia existencia en este plano.

El viento ejemplifica el sentimiento interior que deberíamos conservar en nosotros aun estando inmersos en las labores del día a día. Ejemplifica la libertad, una libertad que sólo se halla, permaneciendo de forma duradera, no a través del vuelo físico, que refleja de forma poética ese sentimiento, sino mediante la trascendencia de los estados mentales que nos ofuscan y confunden. Y trascender no significa suprimir los pensamientos sino, más bien, reconectarlos con la fuente divina desvinculándolos de la materia y otorgándoles de esta forma frescura, originalidad y creatividad.

El viento es libertad y la libertad es creatividad, es originalidad, es genialidad en el pensamiento. Al desvincular este de la materia, se nutre de lo que aun no se ha creado, se abre a lo nuevo y de esta forma se convierte en el canal de grandes creaciones.

Yo soy el viento

indomable por naturaleza

puedes tratar de apresarme

puedes venir con mil armas

puedes organizar mil escuadrones

pero jamás lograrás reducirme

yo soy el viento eternamente libre

yo soy el aullido de lo divino

cabalgadura de espíritus rebeldes

mensajero de los dioses

maestro de todos aquellos

que buscan por encima de todo

liberarse de sus cadenas

de todo aquello que les condena

tantos pensamientos erróneos

y tanta heredada miseria

yo soy el viento

ingobernable, inapresable

invisible y a la vez presente en todas partes

intangible y al mismo tiempo más poderoso

que todos los ejércitos de este mundo

yo soy el viento

nada puede someterme

la libertad es mi esencia

la rebeldía mi naturaleza

mis rugidos son palabras

que solo las mentes muy afinadas

pueden comprender y experimentar;

es la dicha de ser libre,

la alegría de volar

en medio de lo desconocido

sin a ninguna parte llegar.

 

 

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

La hormiga

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Tierra

Sentido: Tacto

Cualidad: Cooperación

La hormiga es humildad, laboriosidad y cooperación en el trabajo. La hormiga es pequeña, pero trabajando en armonía con las demás mueve masas de tierra, fabrica imperios, crea inmensas comunidades de una complejidad inalcanzable para cualquier otro animal aparte del ser humano.

La hormiga sabe que sólo cooperando con las demás será capaz de conseguir lo que quiere. Sabe que ella sola no es nada, mientras que unida a otras puede alcanzar cualquier cosa.

La hormiga nos dice que debemos tener en cuenta al mundo y a la gente para conseguir lo que queremos. Que no estamos solos en nuestros deseos sino que hay mucha gente que puede desear cosas parecidas y a la que nos podemos unir.

            La pequeña hormiga nos insta a aprender a trabajar en armonía para lograr resultados. Nos dice que poco podemos hacer solos y mucho si nos abrimos a colaborar en plena igualdad con otras personas. Para ello el individuo debe saber identificar su verdadero deseo con el fin de poder ponerlo en común y hacer partícipe de él a otras personas con un objetivo afín. Este objetivo debe repercutir en beneficio de todos, y para lograrlo cada uno debe aportar humildemente lo mejor de sí, sin tratar de imponerse, manipular ni dirigir el trabajo de los demás.

            Para la hormiga, trabajar por el bien común es trabajar por su propio bien, y no ve contradicción alguna entre ambas cosas. Lo que es bueno para el grupo es bueno para ella, pues la hormiga jamás se siente desplazada ni rechazada, ella forma parte del grupo, ella es el grupo y el grupo es ella.

            Cada hormiga trabaja en sintonía tan total con el resto del hormiguero, que uno y otro se confunden y disuelven en una misma realidad colectiva.

            La hormiga no tiene conciencia de su individualidad, y eso puede enseñar a la persona atenta, que sí la tiene, a sintetizar y encauzar sus propios deseos individuales hacia un objetivo que repercuta en beneficio de toda la comunidad. Entonces el propio deseo tiende a realizarse pues, estando armonizado con el de otros, cuenta no sólo con el propio motor individual sino con el engranaje colectivo, el cual funciona de tal modo que la realización de un deseo individual repercute positivamente en otro deseo individual, impulsándolo hacia su consecución.

            La hormiga nos enseña a colaborar unos con otros formando una sola entidad. Nos insta a no aislarnos ni cerrarnos en nosotros mismos para establecer una comunicación más fluida con nuestros semejantes que nos permita la posibilidad de contar con ellos a la hora de lograr un objetivo.

            La hormiga es débil sola, pero fuerte en comunidad. Sola, es impotente. Muchas solas, unidas, se convierten en una fuerza de la Naturaleza.

Yo soy la hormiga

sencilla y ordinaria

una más entre millones

que trabajan sin descanso

puedo parecer tonta, sumisa, servil

mas colaborando unas con otras

sin pretender estar por encima o por debajo

ni de establecer leyes artificiales

sino mediante la simple colaboración natural

en armonía unas con otras

construimos inmensas ciudades bajo tierra

algo que ningún otro animal hace

simplemente cazan, hacen un agujero, sobreviven

porque son egoístas, individuales

yo soy la hormiga, el hormiguero entero

y en estrecho apoyo mutuo

he levantado mi imperio

el más grande y numeroso

de toda la inmensa Tierra.

 

 

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

El zorro

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Tierra

Sentido: Tacto

Cualidad: Astucia

El zorro es astuto, pues su tamaño pequeño y el hecho de ser carnívoro le han obligado a ello. Al no poder valerse de una fuerza muy superior a la de los animales que caza, ha tenido que desarrollar una gran inteligencia para sobrevivir.

            El zorro caza pájaros, conejos, ratones, gatos salvajes, y roba a los humanos siempre que puede. Es un animal especializado en todo, y esto es así porque es capaz de conseguirlo todo. No tiene miedo de nada, todo lo ve posible.

            El zorro es inteligente porque es capaz de ver todos los elementos de la situación en la que se encuentra, y de la que espera algo, de una forma fría y desapasionada. No actúa antes ni después del momento en que tiene que hacerlo.

            El zorro nos enseña a tener en cuenta todas las fuerzas que entran o pueden entrar en juego en una situación determinada. Nos enseña a tener la frialdad necesaria para percibir los elementos aliados (que podrían ayudarnos a conseguir lo que queremos), los contrarios (aquellos que se oponen a la realización de nuestros deseos), y los neutrales. Mediante esta frialdad calculadora, no confundiremos unos con otros y podremos extraer mucho potencial de algo que en principio puede parecer poca cosa, para de esta forma sortear aquello que se nos opone sin necesidad de luchar contra ello.

            El principal objetivo del zorro, para poder conseguir lo que quiere, es evitar el enfrentamiento directo. Es algo innecesario para él, y que sólo conduce al sufrimiento por parte de ambos. Antes que eso prefiere tomárselo todo como un juego y jugar lo mejor que pueda. Si gana, perfecto, y si pierde, no pasa nada.

Él no se implica totalmente en la situación, sino que sabe medir sus fuerzas, la forma de emplearlas y racionarlas para, con el mínimo esfuerzo, alcanzar su objetivo. Esto le permite vivir con cierta paz y con esa aura de belleza juvenil y divertida que su presencia transmite.

El zorro incita al individuo atento a desarrollar, precisamente, su atención y su sensibilidad espacial y temporal, su percepción de las situaciones y de los acontecimientos para actuar con el mínimo esfuerzo en pos de la consecución de sus deseos materiales. Esto no implica desdeñar la fuerza ni la intensidad en el momento en que es preciso emplearlas, ni legitimar el pisar a alguien con tal de conseguir lo que uno quiere. De hecho, la astucia permite evadir el enfrentamiento y la discordia, aprovechando las situaciones en beneficio propio sin dañar al otro.

La astucia es la capacidad de intervenir en el ciclo de la vida, para supervivencia material, sin grandes daños, con los menores riesgos, y en armonía con los deseos propios y los de los demás.

Yo soy el zorro

de astucia legendaria

vago feliz por el bosque

buscándome la vida

cazo siempre que puedo

sin jugarme mucho el pellejo

teniendo en cuenta todos los elementos

que se encuentran presentes

yo soy el zorro

no cualquier otro tonto

pienso antes de actuar

la cautela es mi aliada

la inteligencia mi esencia

ningún movimiento es vano

ninguna acción precipitada

yo soy el astuto zorro

de rostro eternamente pícaro, joven

pues no me desgasto inútilmente

mido mis fuerzas de antemano

y jamás me esfuerzo sin ser

con creces recompensado.

 

 

 

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

La luna

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Fuego

Sentido: Vista

Cualidad: Misterio

 

La luna brilla en medio de la oscuridad. No irradia luz, sino que la refleja recibiéndola de algún lugar distante. Esa fuente de luz, el sol, se encuentra desaparecido, por eso existe la noche la cual puede permitirse la aparición de un secundario, la luna, que no la estorbará en exceso ni interrumpirá la alternancia natural entre noche y día.

            La luna parece un milagro en medio de la oscuridad. No se comprende como, en medio de la negra noche, puede existir un ente tan brillante y sobrenatural.

            La luna posee una belleza extraña, como de otro mundo. La luna invita a soñar, a imaginar, a crear otros mundos, a explorar los reinos invisibles que se encuentran en nosotros y a expresarlos.

            La luna es un espejo del misterio, un reflejo de todo aquello secreto, de todo aquello que durante el día se oculta. La luna se convierte en portavoz de toda las posibilidades internas reprimidas por las necesidades de supervivencia que nos atrapan durante el período solar.

            En la noche se despiertan los reinos mágicos, sutiles, la imaginación emerge de su letargo y los asuntos cotidianos se convierten en naderías.

            La luna nos dice que no sabemos nada, y que cuanto más creamos que sabemos, menos sabremos en realidad. Cuanto más sensibles seamos, más perceptivos a lo sutil y a lo invisible, más nos arrobaremos ante los misterios que se desplegarán ante nuestros asombrados ojos.

            La luna nos asombra, nos estremece, nos hipnotiza, nos lleva más allá de los límites de la razón para poner al descubierto el sentido mágico de la vida. Nos dice que interpretar el mundo únicamente a través del pensamiento racional es limitarlo, encajonarlo y empobrecerlo. La luna nos abre a lo misterioso de la vida, a la posibilidad de lo milagroso, al  enigmático cosmos con su constante presencia invisible en cada cosa y cada momento.

            La luna nos abre a la intuición, a la percepción no racional del mundo, a la mágica y no exacta comprensión de los recónditos misterios de la divina esencia que sostiene al mundo. Nos transporta a las esferas desconocidas de nuestro propio ser y del universo, las cuales no pueden entenderse ni explicarse, sólo experimentarse.

            La luna despierta en nosotros el conocimiento enterrado por siglos de predominio de la razón. La presencia lunar pone en entredicho la objetividad, es una duda permanente, un engorro para todo intento de clasificar el mundo, de alcanzar una verdad absoluta respecto a las cosas.

            La luna se ríe del cientifismo y de la razón lineal. La luna es multidimensionalidad, es trascendencia del sí y del no, es disolución del todo en el uno, es cooperación y fusión en vez de enfrentamiento. La luna no desdeña nada en beneficio de otra cosa, simplemente ensombrece, pone misterio, despierta la duda sin aventurar respuestas ni clarificar nada.

            La luna dice que todo conocimiento que se da por válido, lo es únicamente para quien lo da por válido. Que cada uno interpreta el mundo a su forma y que es esta interpretación del mundo lo que determina la realidad del mundo en sí.

            La luna susurra que existen infinitos mundos, que no hay nada claro, y que quien quiere verlo claro es simplemente por miedo a no tener donde agarrarse. La luna no niega la necesidad de dar por ciertas determinadas cosas para poder desarrollarnos en el plano material y vivir una vida tranquila y rutinaria. Simplemente dice que el hecho de que todo el mundo de por ciertas o evidentes algunas cosas, no significa que lo sean.

            La luna es visión indefinida, es la glorificación del misterio, es el contrapunto necesario al día, el contrapeso a la mente racional con la cual, mediante la intuición que su energía despierta en el individuo, permanece en delicado equilibrio.

            La contemplación de la luna transmite al individuo atento la necesidad de no estancarse en una interpretación racional del mundo. La luna despierta el sentido poético de la vida, la capacidad de sobrecogimiento, la apertura a lo nuevo.

            La luna dota al individuo de la capacidad de percibir la magia de la existencia volviéndole humilde ante el caudal casi infinito de asuntos que no conoce y que probablemente nunca llegue a conocer del todo.

 

Yo soy la luna

espejo del misterio

luz que esconde mil enigmas

aquellos que durante el día

evitas plantearte

yo hago temblar el suelo bajo tus pies

yo cuestiono todo lo que das por sentado

yo neutralizo la falsa seguridad

yo te llevo hasta el abismo

yo soy la luna incógnita

guardiana de mil secretos

yo hago pedazos lo que llaman realidad objetiva

y de cada pedazo creo un mundo nuevo

una realidad desconocida y distinta

pues el universo contiene mil posibilidades

millones de recovecos

cosas inimaginables

ante las cuales la razón no tiene más remedio

que callar y rendirse

ay la bendita razón

yo, la luna, hechizo y magia

luz hipnótica, musa de los poetas

fuente de intuición femenina

convierto con mi luz no muy clara

al mundo en un espejismo

en un extraño escenario

donde lo que parece ser deja de ser

y las cosas adquieren un tinte surrealista

yo soy la luna

yo destruyo la razón diurna

yo cuestiono las leyes humanas

todo el pensamiento y las filosofías

yo soy voz de un misterioque sólo puede ser vivido

por los valientes guerreros

corazones solitarios en medio de las tinieblas

cansados de tanta palabrería

buscadores de perfumes exóticos

de mundos escondidos

de olvidadas sensaciones.

 

 

 

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

La cascada

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Agua

Sentido: Oído

Cualidad: Purificación

 

El ruido de la cascada, la fuerza con la que cae, la espuma que desprende al romper contra el lecho del río, es un reflejo del amor en potencia, del amor como emoción suprema que a todas trasciende, que a todas integra en un flujo superior de entrega positiva a todo y a todos.

            El ruido de la cascada destruye las emociones negativas haciéndonoslas ver como meros sueños transitorios sin poder alguno, como diminutas nubes negras que nada pueden hacer para ocultar la potencia del sol.

            La cascada es el amor expresándose en su forma violenta, poderosa, en la forma que adopta cuando es necesaria la lucha. La cascada es la expresión del amor del guerrero que, mirando dentro de sí, enfrenta todas aquellas emociones dolorosas que le bloquean y no le permiten una libertad verdadera.

            Toda emoción dolorosa tiene su origen en la infancia, cuando el cuerpo emocional se desarrolla y adquiere sus hábitos primarios, su estructura básica. Los bloqueos emocionales nos mantienen atrapados en un niño dolido, asustado, impidiéndonos desarrollar en la vida adulta relaciones saludables y creativas con otros individuos.

            Mientras permanecen ciertos bloqueos, el niño interior proyecta su sufrimiento, sus necesidades afectivas insatisfechas, su inseguridad, su baja autoestima, en las personas que se va encontrando, sobretodo en las relaciones de pareja. Trata a la pareja como a su madre o su padre, tratando de resolver a través de ella todos los asuntos pendientes con sus progenitores.

            Escuchando el ruido de la cascada, nos damos cuenta de que está en nuestras manos, de que tenemos el poder aquí y ahora de deshacernos de toda dependencia, de toda proyección para, a través de la fuerza del amor, despertar al adulto autosuficiente y, a través de su consciencia despierta, hablar con el niño herido, recordarlo, sanarlo, integrarlo y ayudarlo a perdonar.

            Cuando estamos bloqueados, nuestras relaciones son un caos, pues se mezclan sentimientos del pasado con sentimientos actuales, proyecciones con realidades, de forma que uno ya no sabe qué ama, ni cómo, ni a quién. En las relaciones interpersonales, que tienen como vínculo las emociones de ambas personas, la confusión es el resultado inevitable si no tenemos ni adquirimos la suficiente fuerza para, despertando a nuestro guerrero interno, acudir al niño sufriente para sanarlo y ayudarlo realizando de esta forma la alquimia de nuestro cuerpo emocional rediseñándolo en dirección a una mayor comprensión y seguridad de nuestra propia valía, de nuestra capacidad de amar sin esperar nada a cambio, de nuestra autosuficiencia como niños ya liberados de los fantasmas paternos, como adultos realizados.

            La cascada transmite al individuo atento la fuerza y el poderío que habitan en sí, su propia capacidad de despertar al guerrero que duerme en él para conquistar su propia autosuficiencia emocional que le permitirá, a su vez, una mayor capacidad de amar y, aunque pueda parecer contradictorio, una mayor apertura y capacidad de recibir el amor de los demás.

            La cascada es amor manifestado, amor en su expresión guerrera, un amor que repercute en nuestra propia autoestima para dejar de dar poder a otros, para abandonar la dependencia que es causa de tanto sufrimiento, de tantos temores, de tanta cesión de la propia integridad, de la propia dignidad como persona, simplemente para conseguir un poquito de amor.

               La cascada es amor por uno mismo, es destrucción de toda prisión emocional, de toda mendicidad. La cascada nos ayuda a recuperar el divino poder de dar y entregarnos a la pareja sin humillación ni dolor, sino desde la conciencia clara de nuestro ser que, siendo pura luz, puro amor, puede permitirse brindarse al otro sabiendo que, dando, no está perdiendo sino nutriéndose de poder, dignidad y estima por uno mismo y por el otro.

                Cuando la cascada ruge, nuestro dolor ruge, y a través de la comprensión el dolor se convierte en ímpetu, en amor activo, en creatividad, confianza y belleza compartidas desde la abundancia, desde el desapego, desterrando la exigencia, la mendicidad y el sufrimiento de nuestras vidas, conquistando de nuevo la capacidad de estar enamorados sin perder por ello la conciencia de nuestra sagrada individualidad.

               La cascada limpia, cura, despierta y sana la ofuscación emocional. Es vigor, belleza y dignidad. Es la expresión de nuestro guerrero interno que, lejos de ser nuestra verdadera identidad, es sólo una expresión del amor que somos, una expresión y posibilidad del amor que en ciertas circunstancias es necesario usar en toda su potencia para sanación de nuestras heridas y trascendencia hacia un nuevo nivel de expresión compartida.

 

Yo soy la cascada

fuerza rugiente, voz despertada

del guerrero que a todo puede

que nada teme, que todo ama

yo soy la feroz cascada

ruido interminable de miles de gotas

que explotando unas con otras

se cuelan en los recónditos rincones del corazón

para hacerlo revivir en todo su ardor

borrando las trabas, las inseguridades

despertando a aquel que a nadie necesita

que se ha deshecho de la infancia

integrándola en su ser

aceptando sus reprimidos temores

aquellos que no enfrentó al despojarse de sus padres

yo soy la cascada rugiente

que anula la dependencia

que revive al guerrero

que ya no necesita cobijo externo

pues lo halla en sí mismo

que no necesita del amor de nadie

pues él es fuente de amor

pues todo lo que recibió

ahora lo puede dar

yo soy la cascada

yo doy el coraje, la fuerza

para eliminar el dolor, los celos, los miedos

para que uno mismo se erija

como amo y señor de su vida

para que aquel que me escuche

comprenda que hay un tiempo para recibir

y otro tiempo para dar

y que es dando como uno recibe

pues al dar permite que la energía del amor fluya

mientras que tratando de mendigar

de agarrar, de buscar fuera de sí lo que él cree no tener

se cierra a la abundancia y al gozo

creando frustración y sufrimiento

para sí mismo y para los otros.

 

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

La nube

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Aire

Sentido: Olfato

Cualidad: Ritmo natural

La nube fluye suavemente atravesando la cúpula celeste. No tiene prisa por llegar a ninguna parte, se limita a deslizarse, componiéndose y deshaciéndose mientras se extiende y se contrae al ritmo lento de la brisa bajo la claridad del cielo azul.

            La nube no entiende de ajetreos. Estos se suceden sobre la tierra, pero no en lo alto, donde el reino blanco de las nubes se extiende bajo el sol. Mirando hacia el cielo, observando las nubes, nos evadimos de la prisa y el ansia por alcanzar determinados objetivos para retomar el contacto con el ritmo natural de la existencia. Este ritmo lo marca el aire, y las agujas del reloj son las nubes que fluyen rápido o lento dependiendo de su compás.

            Ajustándonos al ritmo de las nubes, recuperamos la salud y la tranquilidad. Ellas son la cadencia de la naturaleza. Ellas nos dicen que bajo el imperio del reloj, del ritmo artificioso de los Hombres, no es posible una vida saludable ni una experiencia tranquila, pausada y por lo tanto profunda de la realidad de la vida.

            Es necesario ajustarse al ritmo natural, en el que la velocidad es la excepción, una ligera y momentánea diversión, para ajustarnos y recuperar también el ritmo del propio cuerpo y de la propia mente que es una con la Naturaleza. El ritmo de las nubes es el reflejo del ritmo natural que marcan los latidos del corazón. Cuando estos van a una velocidad excesiva durante mucho tiempo, la infelicidad, la enfermedad, la confusión y la angustia son inevitables.

            La nube no dice que trabajar por objetivos sea algo malo, sino que nos incita a no perder por alcanzarlos la conciencia del presente en el que la magia de la existencia se despliega ante nuestros ojos. Un objetivo es bueno, sólo cuando sirve al presente. No es el presente el que debe estar sometido al futuro, sino que este debe servir para realzar y embellecer la vida presente. Un gran objetivo, una hermosa meta, es aquella que nos hace vivir una vida más plena; un objetivo mediocre, erróneo, es aquel que envilece nuestra vida y la somete a ritmos excesivos que nos confunden y enferman.

            Las nubes se despliegan bajo el cielo, se deslizan sin prisa, son una con el lento, tranquilo fluir de la totalidad de la Creación. Observándolas, el individuo atento aprende a ajustarse a su ritmo y, sincronizándose con él, a ajustarse también al ritmo de la Naturaleza y de lo Divino. Armoniza sus actos, sus emociones y sus pensamientos, que regresan a una mansedumbre poderosa, pacífica y completa, que le aportan felicidad, belleza y creatividad, que le otorgan una mirada más atenta del mundo y la capacidad de apreciar la vida en su pausado movimiento.

            La nube puede ser blanca, violeta o negra. Puede ir despacio o rápido dependiendo de la velocidad del viento, pero nunca se resistirá, nunca luchará, la nube simplemente fluye con el ritmo natural sin pretender nada, sin deseos, sin obsesión por ser nada ni llegar a ninguna parte.

            La nube es inocencia y mansedumbre, es la entrega total a la expresión espontánea de la totalidad, es la fusión inexpresable con todo cuanto es, de lo cual no necesita diferenciarse. En eso está la clave de su inconsciente felicidad y de la de todo aquel que se atreva a seguir su deslizante y fluido camino.

Yo soy la tranquila nube

sin prisa, sin objetivos

me deslizo a través del aire

mecida por el suave viento

sin necesidades falsas

sin inquietud de ningún tipo

yo soy la reposada nuble

blanca como la nieve

pura y grácil, apacible, sosegada

pacífica y sencilla

caminante del extenso cielo

como un ángel descompuesto

yo señalo el ritmo del aire

yo me muevo siguiendo siempre

la dulce cadencia de la Madre Tierra

yo soy la blanca nube

sin ideas ni preocupaciones

sin objetivos, sin necesidades

espejo del movimiento

que mece el corazón humano

cuando este se halla en paz

consigo mismo y con su entorno

mírame en medio de la prisa

sin temor levanta al cielo tu vista

y me verás volando, hermosa

tranquilamente deslizándome

hacia el destino del instante eterno

donde todo brilla como la luz del sol

que me bendice y me alumbra.

 

 

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

La flor

 - by Vozdelanaturaleza

Elemento: Aire

Sentido: Olfato

Cualidad: Belleza

En la flor se encuentra condensada la belleza de toda la Naturaleza. Existen flores de todos los colores, de todas las fragancias, y cada una revela un aspecto de la Naturaleza en su expresión más pura.

            Una flor es algo sublime, nada puede compararse a la delicadeza de sus pétalos, a la armónica disposición de sus hojas, a la forma de cerrarse cuando las circunstancias climáticas no le son propicias, al aroma puro que desprende y con el que perfuma la brisa de la tarde.

            Al oler una flor, lo más puro que hay en nuestro interior se despierta y somos más capaces de sentir y contactar con la inocencia y la belleza que nuestra esencia desprende, igual que el aroma de la flor.

La fragancia de la flor es pura inocencia, es esa belleza frágil y oculta que sólo se revela a los seres más sensibles. La belleza de la flor es la belleza del cosmos, de toda la Creación, condensada y manifestada en algo lo suficientemente pequeño como para que unos ojos humanos puedan captarlo y percibirlo. Y que, al observarlo, vean en ello reflejado al mismo tiempo su propia belleza como seres humanos y divinos, como expresiones puras, hijos perfectos de la Madre Naturaleza y del Padre Dios.

La flor es gracia, es hermosura, es perfección estética. En ella se encuentran escritos con tinta invisible todos los cánones y pautas del arte humano. Toda obra de arte es una flor puesta de distintas formas.

La flor es la madre del sensibilidad humana, el elemento natural que despertó en el ser humano el deseo de reproducir lo mejor posible, mediante su creatividad, esa belleza sublime que se encontraba en los bosques, en las praderas, creciendo de la fértil tierra sin ninguna otra misión aparente que la de mostrarse para recreación de la mirada y el olfato humanos.

La flor susurra al individuo atento su propia belleza, la de su cuerpo, la de su mente, la de sus sentimientos y la de su alma. La flor dice que en la inocencia y la fragilidad se encuentra la semilla de la verdadera belleza, que esta no puede forzarse ni fabricarse, sino que para manifestarse necesita cuidado, amor y paciencia, la misma que le otorga la Madre Tierra.

A través del contacto con nuestra sensibilidad, la flor de la inocencia se despertará en nosotros, y de ella emanará una suave fragancia que nutrirá nuestro ser y nos brindará una gran apertura al mundo, una sensualidad para con todo, una delicadeza para palpar, contemplar y apreciar en su verdadera calidad estética la hermosura de todo cuanto se muestra ante nuestros ojos.

Lo que antes nos parecía simple y ordinario, emergerá con nuevos matices de colores que nos presentarán un mundo antes oculto y nos dará en consecuencia un sentimiento de gratitud ante el espectáculo de colores, luces, sombras y formas que conforman todo lo creado.

La Naturaleza habla, Luis Fernández de Villavicencio

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